mindfulness

Mindfulness no es tanto una práctica sino una forma de relacionarnos con el cuerpo, la mente, las emociones, las personas que nos rodean y el mundo entero.

Las prácticas asociadas a ella (como la meditación sentada, el yoga corporal, los paseos conscientes, o el escaneo corporal…) se realizan para entrenar esta particular forma de estar en el mundo.

Es un poco como aprender a navegar. Nos encanta que las aguas estén calmadas para poder tumbarnos al sol en cubierta, brindar y tomar el aperitivo. Pero la realidad es que las olas y las tormentas son habituales, y no sirve de nada ignorar el oleaje, ni quejarnos del viento, ni enfadarnos y luchar contra sus embistes. Lo mejor que podemos hacer es aprender a navegar –a agarrar el timón, abrir o cerrar velas y aprovechar a nuestro favor esas fuerzas de la naturaleza que no controlamos. Esto requiere mucho entrenamiento. 

El concepto “mindfulness” proviene de la tradición budista. Sin embargo, en el Siglo XXI el fenómeno ha salido de los templos para atraer el interés de los mayores expertos en neurociencia, psicología y otras disciplinas. Más alla de las creencias o los ritos, parece ser que las técnicas practicadas desde hace al menos 2500 años por monjes, místicos y buscadores tienen beneficios demostrables.

En castellano, la palabra «mindfulness» suele traducirse como “atención plena” o “conciencia plena”, pero puede traducirse más sencillamente como “presencia”. Es simplemente estar en lo que estás. O no tan simplemente, ya que en nuestra era de prisas, distracciones y multitasking, estar en lo que estás parece haberse convertido en una hazaña digna de asombro.

Caminar mientras caminas, por ejemplo. O comer mientras comes. O estar 100% presente, con la mente y el corazón, en una conversación con tu madre, tu amigo, tu pareja. ¿Recuerdas la última vez que hiciste algo tan sencillo, y al mismo tiempo tan radical?

La idea, podría decirse, es no perderte tu propia vida mientras sucede. Ya que has venido…

una capacidad plenamente humana

Mindfulness no es algo especialmente raro, esotérico o misterioso. O al menos no más misterioso que el cerebro humano, una flor en primavera o las profundidades marinas.

Tampoco puede etiquetarse como una disciplina exclusivamente budista, oriental o “new age”. Está presente en los cuentos, los proverbios, la música, la poesía, el arte, la filosofia y las tradiciones espirituales de todas las culturas. Se trata de una capacidad humana, innata e universal, que cualquier persona puede cultivar. Y según los estudios, merece mucho la pena cultivarla.

Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de medicina en la Massachussetts University Medical School, es el principal responsable de la popularidad de mindfulness en las últimas décadas, gracias a su curso pionero “Reducción del estrés basado en mindfulness” (o MBSR, por sus siglas en inglés). En su celebre libro Vivir con plenitud las crisis, Kabat-Zinn define mindfulness así:

 

«Prestar atención
de forma intencionada,
en el momento presente,
y sin juzgar»

Un error común es creer que mindfulness o la meditación requieren “vaciar la mente” o “acallar los pensamientos y las emociones”. Lo cual sería prácticamente imposible, y tampoco muy deseable, la verdad.

Más bien, lo que proponen las prácticas de mindfulness es contemplar la realidad tal y como se presenta, incluido cualquier fenómeno mental o emocional. De hecho, quien medita entra en un contacto íntimo y poco habitual con su mundo interior (y exterior), investigando a fondo fenómenos como el estrés, los pensamientos, los comportamientos impulsivos o el placer.

Según los estudios, los meditadores expertos viven las emociones y las sensaciones con mayor intensidad, pero son también capaces de recuperarse de ellas con mayor rapidez, y de responder de forma más consciente, menos condicionados por patrones automáticos. En definitiva, actuan con mayor libertad.

Pero todo esto no es más que palabrería. Si quieres saber de qué va, tendrás que probarlo.

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