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mindfulness

Mindfulness no es tanto una práctica sino una forma de relacionarnos con el cuerpo, la mente, las emociones, las personas que nos rodean y el mundo entero.

Las prácticas asociadas a ella (como la meditación sentada, los ejercicios de yoga, los paseos conscientes, o la exploración corporal…) se realizan para experimentar, explorar y entrenar esta particular forma de estar en el mundo.

Para entender en qué consiste el asunto, imagina que te encuentras en un velero a la deriva, a la merced de las corrientes, los vientos y el oleaje. ¿Qué haces? ¿Coges el timón? ¿Ajustas las velas? ¿Sacas el mapa? Lo vas a tener difícil si no has observado con detenimiento las fuerzas de la naturaleza, si no conoces perfectamente las capacidades de tu embarcación, si no sabes hacer y deshacer nudos a toda velocidad, si no has aprendido a orientarte, si no tienes claro a dónde quieres dirigirte…

Desafortunadamente, a menudo nos encontramos en una situación similar en nuestra vida cotidiana. Nos arrastran poderosas corrientes de pensamiento de las que apenas somos conscientes. Nos embisten olas emocionales de mil formas y tamaños. Nos empujan, como vientos insistentes, todo tipo de hábitos arraigados que nos confinan a pequeñas rutinas conocidas, de las que rara vez conseguimos escapar.

Y ni siquiera nos damos cuenta. De hecho, actuamos como si no quisiéramos darnos cuenta. Cuando tenemos un minuto libre –un momento precioso de soledad y quietud que podríamos aprovechar para comprobar dónde estamos, a dónde vamos y cómo se encuentra nuestro clima interior– nos apresuramos por rellenar ese minuto con alguna actividad que nos distraiga de nosotros mismos: sacar el móvil, abrir la nevera, fumar un cigarrillo… ¡Incluso las tres cosas a la vez!

Mindfulness podría describirse como navegar por la vida con los ojos abiertos y las manos sobre el timón. Requiere familiarizarse íntimamente con el clima interior, asumir el mando de la conciencia y elegir el rumbo en cada momento. Lo cual no resulta nada fácil, desde luego. Al contrario: para lanzarse así a la aventura de la vida, hace falta mucha práctica de navegación.

Y es por eso que nos sentamos a meditar. Un buen capitán sale a la mar siempre que puede…

técnicas milenarias en el laboratorio

El concepto “mindfulness” proviene de la tradición budista. Sin embargo, en el Siglo XXI el fenómeno ha salido de los templos para atraer el interés de los mayores expertos en neurociencia, psicología y otras disciplinas. Más allá de las creencias o los ritos, parece ser que ciertas técnicas practicadas desde hace al menos 2500 años por monjes y buscadores espirituales tienen beneficios medibles en el laboratorio.

En castellano, la palabra «mindfulness» suele traducirse como “atención plena” o “conciencia plena”, pero puede traducirse más sencillamente como “presencia”. Es simplemente estar en lo que estás. O no tan simplemente, ya que en nuestra era de prisas, distracciones y multitasking, estar en lo que estás parece haberse convertido en una hazaña digna de asombro.

Caminar mientras caminas, por ejemplo. O comer mientras comes. O estar 100% presente, con la mente y el corazón, en una conversación con tu madre, tu amigo, tu pareja. ¿Recuerdas la última vez que hiciste algo tan sencillo, y al mismo tiempo tan radical?

La idea, podría decirse, es no perderte tu propia vida mientras sucede. Ya que has venido…

una capacidad plenamente humana

Mindfulness no es algo especialmente raro, esotérico o misterioso. O al menos no más misterioso que el cerebro humano, el girar de las galaxias o una flor en primavera.

Tampoco puede etiquetarse como una disciplina exclusivamente budista, oriental o “new age”. Está presente en los cuentos, los proverbios, la música, la poesía, el arte, la filosofía y las tradiciones espirituales de todas las culturas. Sin duda hay grandes maestros de Mindfulness a nuestro alrededor que jamás han pronunciado esta palabra, y mucho menos se les ocurriría sentarse a meditar sobre un cojín. Se trata de una capacidad humana, innata e universal, que cualquier persona puede cultivar.

Por otro lado, a pesar del «mind» en la palabra «mindfulness», no se trata de un fenómeno exclusivamente mental. Al contrario, implica al 100% eso que llamamos figurativamente el «corazón», la fuente de ese Amor con mayúscula que inspira a los poetas, fascina a los filósofos y confunde a los economistas. Y es que la atención plena nos permite estar plenamente presente también frente a los demás, para poder actuar desde esa profunda conexión humana –o incluso desde una conexión que traspasa las fronteras de la especie para abarcar otros seres vivos con los que compartimos el planeta. 

Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de medicina en la Massachussetts University Medical School, es el principal responsable de la popularidad de Mindfulness en las últimas décadas, gracias a su curso pionero “Reducción del estrés basado en mindfulness” (o MBSR, por sus siglas en inglés). En su celebre libro Vivir con plenitud las crisis, Kabat-Zinn define Mindfulness así:

 

«Prestar atención
de forma intencionada,
en el momento presente,
y sin juzgar»

Un error común es creer que mindfulness o la meditación requieren “vaciar la mente” o “acallar los pensamientos y las emociones”. Lo cual sería prácticamente imposible, y tampoco muy deseable, la verdad.

Más bien, lo que proponen las prácticas de mindfulness es contemplar la realidad tal y como se presenta, incluido cualquier fenómeno mental o emocional. De hecho, quien medita entra en un contacto íntimo y poco habitual con su mundo interior (y exterior), investigando a fondo fenómenos como el estrés, los pensamientos, los comportamientos impulsivos o el placer.

Según los estudios, los meditadores expertos viven las emociones y las sensaciones con mayor intensidad, pero son también capaces de recuperarse de ellas con mayor rapidez, y de responder de forma más consciente, menos condicionados por patrones automáticos. En definitiva, actuan con mayor libertad, superando hábilmente cada ola y aprovechando cada viento a su favor, rumbo al destino que realmente anhelan.

Pero todo esto no son más que cuentos de taberna de puerto. Si quieres saber de qué va, tendrás que embarcarte y salir a la aventura.

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