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La fuerte conexión cuerpo-mente que se establece con el yoga está sobradamente demostrada, pero ¿qué pasa exactamente en nuestro cerebro cuando practicamos yoga en atención plena?

El Yoga trabaja nuestra mente, la respiración y el cuerpo, y en suma dinamiza los beneficios de neuroplasticidad, porque cuando practicamos estamos potenciando nuestra capacidad de atención y de concentración. Esto nos relaja, pero a la vez nos ayuda a focalizar nuestro pensamiento, autorregularnos y a generar una dinámica de progreso.

Cuando llevamos atención intencionada al cuerpo podemos escucharlo, comprender sus señales, interpretar lo que nos dice sobre aquello que es seguro y lo que resulta peligroso, lo que es bueno y lo que es malo para nosotros, lo que nos produce dolor y lo que es fuente de placer. La conciencia corporal se vive a través de sensaciones físicas y entrenarla es imprescindible para comprender cómo nos afectan las situaciones que vivimos, lo que nos hacen sentir y practicar un autocuidado atento frente a ellas.

Igual que la psique, el cuerpo tiene memoria.

En él se incrustan los mensajes de nuestro mundo emocional. Cada experiencia vivida se graba en esta memoria del cuerpo, desde la infancia hasta la edad adulta. Distintas dolencias con las que convivimos son el resultado de como nuestro cuerpo reacciona al malestar cotidiano. El término psico-somático se refiere a que la psique (mente) afecta al soma (cuerpo) es decir que la tensión mental influye en el estado de los tejidos corporales, de los músculos del tejido fascial… generando dolor, inflamación y hasta lesiones.

El yoga de atención plena que practicamos en ModoSer no trabaja sólo la conciencia corporal, también busca despertar en el alumno la conciencia de sus pautas mentales a través de la atención plena, las posturas y diversas técnicas respiratorias y de relajación profunda. Entrenando la conciencia corporal se aprende a reconocer en el cuerpo una fuente de enraizamiento y serenidad en el sistema nervioso.

La respiración consciente: la respuesta contraria a la tensión.

De todo el sistema autónomo de nuestro cuerpo (digestión, circulación…) el único en el que tenemos control es en la respiración. Es nuestra única forma de influir conscientemente para calmar nuestras emociones.

Obsérvate en diferentes momentos de un día normal y te darás cuenta de que tu respiración cambia dependiendo de la emoción que experimentas

  • El miedo la inhibe y la bloquea
  • La ansiedad la acelera
  • La tristeza la ralentiza
  • El estrés la entrecorta
  • El cansancio físico la fuerza

Si en algún momento de tu día tomas conciencia de que tu respiración no es adecuada, procura controlarla haciéndola más profunda. Respirar de este modo y a un ritmo pausado, ralentiza el ritmo cardiaco y relaja los músculos.

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-PAUSA CONSCIENTE (3m) de Maricruz Lavín.

-MEDITACIÓN DEL LAGO (7m) de Luis Valdivieso.

-CONECTANDO CON LA RESPIRACIÓN (10m) de Mercedes Piñeiro.

Mientras tanto, que disfrutes de este momento... ¡el único que hay!

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